“La fortaleza de una lengua indígena está en sus usuarios” – Los Tiempos, Bolivia

 

LA EDUCACIÓN TRILINGÜE EN BOLIVIA

Ya en vigencia la nueva ley educativa Avelino Siñani-Elizardo Pérez, que instruye el trilingüismo (enseñar en castellano, en un idioma nativo y en un idioma extranjero) como forma de revitalización y rescate de las lenguas indígenas, la sociolingüista austriaca Inge Sichra explica el contexto necesario para que este rescate sea efectivo, el rol que le toca desempeñar al Estado y, sobre todo a los hablantes de dichas lenguas, en quienes radica el poder real de recuperarlas a través de la participación.

Sichra tiene un doctorado en la Universidad de Viena, en Austria, sobre “La vitalidad del quechua en comunidades andinas en Cochabamba, Bolivia”. Trabajó en educación popular, alfabetización en quechua y producción de materiales quechuas de alfabetización y postalfabetización en el Centro de Documentación y Desarrollo Andino, en Bolivia. Realizó evaluaciones para Unicef. Es asesora nacional del Programa de Educación Intercultural Bilingüe (Proeib) Andes.

Los Tiempos (LT): Cuando hay una decisión política para mantener viva una lengua ¿qué debe hacer un Estado?

Inge Sichra (IS): Lo que el Estado tiene que hacer es legislar y reglamentar, luego instalar los mecanismos para que “se aplique la ley”. El único ámbito donde actualmente hay establecida una política lingüística es en la Ley de Educación Avelino Siñani y Elizardo Pérez.  Allí se establece el trilingüismo indígena-castellano-inglés para todo el sistema educativo.

Ea viabilidad de esto recién está por verse, dados los inmensos retos empezando por la falta de maestros de lenguas indígenas para todos los grados y niveles y también del inglés.

Pero, la decisión política de mantener viva una lengua tiene que ser compartida, no basta el Estado. En realidad, es la decisión de los hablantes la que cuenta. Son los hablantes los que, con su determinación de mantener la lengua, de ampliar sus usos y sobre todo, de transmitir la lengua a sus hijos y a sus nietos, deciden sobre el futuro de su lengua.

Bajo esa consideración, ¿qué pasa en el caso de Bolivia, donde el Estado quiere recuperar las lenguas originarias, pero los hablantes prefieren que sus hijos hablen español porque eso les facilitará la migración a la ciudad?

El Estado ha respondido a una demanda que surge de un movimiento que no es solo boliviano, porque otro ejemplo es Ecuador, y es un reflejo del cambio de los tiempos. Pero respondiendo a la pregunta, las mayorías indígenas residen en la ciudad, eso ya lo ha demostrado el censo de 2001. El país ya no es rural, pero una vez establecido el trilingüismo en la Constitución, tiene que operar un sistema educativo que por ley está establecido, donde el estudiante tiene derecho de educarse en una lengua originaria.

Este rechazo (de los padres) no ocurre cuando se trata de una lengua extranjera y es porque se desconoce el valor de las lenguas originarias. Actualmente, se puede ver que son necesarias en el trabajo, para ingresar a determinados posgrados o para ser docente.

Hubo un momento en el que saber lenguas originarias era como un “desprestigio”.

¿Dónde radica el éxito de la revitalización de una lengua?

El Estado propiciará la funcionalidad, brindará estímulo, herramientas y financiamiento para el estudio, la difusión, la enseñanza de la lengua indígena; pero no puede imponer una política si los “beneficiarios”, los mismos hablantes, no adoptan una postura proactiva, demandante y participativa en este asunto.

Los Estados que verdaderamente quisieron recuperar una lengua tuvieron eso: la plena adhesión o demanda de la población interesada para impulsar en los hechos una política lingüística.

Es el caso de Israel con el hebreo, las comunidades autónomas de Cataluña con el catalán y del País Vasco con el vasco, Nueva Zelanda y el maorí, Hawaii y el hawaiiano. En estos ejemplos, la determinación pudo estar mediada por la necesidad de una lengua común altamente simbólica (hebreo) o la necesidad de establecer “soberanía” (Cataluña, País Vasco), o un movimiento político contestatario (maoríes y hawaiianos). Sin un elemento religioso o político de cohesión y diferenciación no se explica el éxito de esta revitalización lingüística. Y hacer en los hechos una política lingüística implicaba tener un organismo legitimado y aceptado por la sociedad dedicado a planificar la lengua para estandarizarla en tanto norma (creación de vocabulario, ortografía, escritura) y a planificar la difusión, uso y aprendizaje de la lengua en la sociedad. Todo esto con el apoyo, participación y consentimiento de los usuarios o futuros usuarios.

En Bolivia, quien tiene a su cargo la revitalización de las lenguas originarias es el Ministerio de Educación, a través de las escuelas. ¿Goza de legitimidad y apoyo?

Hay que resaltar que ahora sean las escuelas las encargadas de proporcionar el plurilingüismo es positivo; pero, si metodológicamente lo hacen mal, estarán ocasionando un daño porque, al igual que con cualquier otra materia, el problema no es la lengua sino es cómo se la enseña.

En cuanto al Ministerio, no está legitimado y tampoco es el idóneo para planificar la recuperación de una lengua porque eso le otorga tuición sobre las lenguas indígenas, como si fueran de su propiedad. Debe propiciar su desarrollo, no llevar la batuta.

¿Y quién debería hacerlo?

Hay una ley de lenguas en Colombia que otorga a los pueblos indígenas derechos y deberes para promover sus lenguas con el apoyo del Estado. El poder de una lengua radica en los usuarios, para los pueblos puede ser más interesante conservar una lengua por ejercer un derecho que por cumplir con una obligación.

¿Un requisito para mantener viva una lengua es la producción de libros? ¿Qué pasa en el caso de las lenguas, como el quechua, que tienen la oralidad como característica?

Está bien que se hagan libros y currículos en lenguas originarias, pero hay que ver si el afán de hacerlo ayuda a la lengua. Lo que sí es evidente es que escribir en una lengua no ayuda a aprenderla. Ahí empieza la necesidad de revisar y buscar otras vías para propiciar su uso y revitalización.

Estas otras vías, desde la educación, pueden consistir en desarrollar una enseñanza que desarrolle más el uso oral que el escrito. Así, la lecto-escritura de una lengua puede ser un fin, pero metodológicamente, hay otras herramientas de enseñanza como las interactivas. La lecto-escritura debe ser una competencia más, no el principio y el fin de la enseñanza de una lengua.

El Gobierno plantea la recuperación de lenguas originarias como estrategia de descolonización ¿Cómo entiende la descolonización? ¿Es posible?

En cuestión de lenguas, descolonización radica, según mi entendimiento, en el reconocimiento del valor de las lenguas a través de su desarrollo, promoción y uso. Significa dejar de considerar las lenguas indígenas como las consideraron los colonizadores: herramientas de evangelización y dominación. Superar la discriminación que trajo la colonización es descolonizar – no significa volver atrás la historia y negar el desarrollo de los eventos de cinco siglos. Descolonizar es cuestionar el poder monopólico del castellano para democratizar el poder de las lenguas nativas.

Descolonizar es provocar que los mismos hablantes de la lengua indígena se reconozcan como tales en virtud de su orgullo e identificación con la lengua porque su lengua tiene un lugar en la sociedad actual como capital social y económico -no es descartar el castellano y su peso y avance.

Texto: San­dra Arias

Publicado originalmente en Los Tiempos (Bolivia), el 8/04/2012. Acceda al texto aquí.

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